(o Pánico por el arribo inesperado
de un olvido involuntario)
de un olvido involuntario)
Me pasa que te has lavado tanto de mí que apenas creo recordarte, que el tiempo se ha extendido en noches acortadas en silencio.
Me pasa que la memoria retiene recuerdos tan insustanciales que comienzo a preguntarme si de verdad existió un nosotros entretejido sobre las calles.
Me pasa que tiemblo frente al olvido, que en mi afán por retenerte a cada hombre lo rebautizo con las letras de tu nombre, que los beso a ojo cerrado para reinventarte tras mis párpados.
Me pasa que tu voz me parece distante y ajena como un sueño que no puedo recordar, que a las doce de la noche —después de la costumbre de la ausencia de tus palabras sobre mis manos— el silencio se vuelve rutina.
Me pasa que con el tiempo te supongo una invención. Pasa que me sé mintiendo, que te imagino a mi lado mientras me escurro entre los labios del contorno de la silueta que dejaste sobre mi cuerpo.
Me pasa que pregunto por nosotros, que al final sólo queda tu recuerdo y el mío disolviéndose en la nada.
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