como racimos que
destilan llamaradas de sangre
en sufrimientos congelados
y dolores que son nada.
Veo los cuerpos formando
montículos de carne
que construyen
montañas de rostros anónimos
y gritos enmudecidos.
Veo la apatía transmitida
en vivo y en directo,
filas de lágrimas artificiales
derramándose entre hashtags
ante la cosificación del dolor humano,
del ser humano,
del dejar de ser.
Veo las bombas, los disparos,
los levantados, los colgados:
los olvidados
construyendo el eco desdoblado
de un grito sadomasoquista
lleno de éxtasis
y saturado de colapso.
Veo la violencia dando gritos de paz,
la paz haciendo el amor con violencia,
la violencia perpetuándose silenciosa
en los ojos morbosos que miran
el sembradío de cuerposmuertos,
mientras la paz se reparte escandalosa,
a gritos y súplicas
queriendo irrumpir en la sordera,
el egoísmo y el confort del mundo.
Veo la punta de mis pies,
tus pies, sus pies,
todos nuestros dedos al filo
de una destrucción engañosa que
nos hace creer que estamos entre
nubes, arena y flores,
musicalizados por atentados,
guerras y desaparecidos que,
como yo, han optado por permanecer
con los ojos muertos.
montículos de carne
que construyen
montañas de rostros anónimos
y gritos enmudecidos.
Veo la apatía transmitida
en vivo y en directo,
filas de lágrimas artificiales
derramándose entre hashtags
ante la cosificación del dolor humano,
del ser humano,
del dejar de ser.
Veo las bombas, los disparos,
los levantados, los colgados:
los olvidados
construyendo el eco desdoblado
de un grito sadomasoquista
lleno de éxtasis
y saturado de colapso.
Veo la violencia dando gritos de paz,
la paz haciendo el amor con violencia,
la violencia perpetuándose silenciosa
en los ojos morbosos que miran
el sembradío de cuerposmuertos,
mientras la paz se reparte escandalosa,
a gritos y súplicas
queriendo irrumpir en la sordera,
el egoísmo y el confort del mundo.
Veo la punta de mis pies,
tus pies, sus pies,
todos nuestros dedos al filo
de una destrucción engañosa que
nos hace creer que estamos entre
nubes, arena y flores,
musicalizados por atentados,
guerras y desaparecidos que,
como yo, han optado por permanecer
con los ojos muertos.
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