tengo las pupilas inundadas de pérdida,
de nostalgias que no lloro ni contengo.
No sufro ni vivo martirios ni flagelaciones,
porque, a la entrada de la tormenta,
decidí bailar los dolores hasta transpirarlos,
recordar hasta olvidar las memorias,
llorar hasta que no quedara mancha
y besar el vacío para olvidar que besaba.
Fue un proceso
Difícil
ese de llenar a mis muertos de vida
y mi vida de muertos
para sobrevivir el oleaje sin odios,
tristezas, frustraciones, culpas o remordimientos.
A veces la gente me mira extrañada
diciendo -como juzgando-
"¡Y eso que el amor te duró tres años...!"
como dando por hecho que
el amor no es materia y que por tanto se destruye.
Me sorprende la incredulidad de algunos
que buscan desesperados el retiro para
lograr alcanzar la sombra de un olvido lejano
porque es el mejor camino.
Yo no olvido.
Cargo mis amores en el bolsillo,
a veces huelen a caducidad, a sequía,
como una colilla guardada después de exhalar el cigarro.
No me estorban ni me incomodad ni me aterran;
es más, hasta conversamos,
y en ocasiones, en el diálogo,
aún me invade la euforia, se me enrojece el alma,
se me acelera el pulso y suspiro esos tres años,
como hace seis años.
No me preocupo:
siempre termino guardando el amor en el bolsillo,
porque sé que si me enamoro es
del espejismo, de mi memoria selectiva,
de los que fuimos entonces...
no deseo enamorarme del recuerdo,
por eso lo llevo conmigo,
porque aún amo el amor que me duró tres años,
pero en ese momento y en esa persona,
por eso no me estorba
ni me incomoda,
porque en este momento y en esta persona
ya ni uno ni otro existen.
Difícil
ese de llenar a mis muertos de vida
y mi vida de muertos
para sobrevivir el oleaje sin odios,
tristezas, frustraciones, culpas o remordimientos.
A veces la gente me mira extrañada
diciendo -como juzgando-
"¡Y eso que el amor te duró tres años...!"
como dando por hecho que
el amor no es materia y que por tanto se destruye.
Me sorprende la incredulidad de algunos
que buscan desesperados el retiro para
lograr alcanzar la sombra de un olvido lejano
porque es el mejor camino.
Yo no olvido.
Cargo mis amores en el bolsillo,
a veces huelen a caducidad, a sequía,
como una colilla guardada después de exhalar el cigarro.
No me estorban ni me incomodad ni me aterran;
es más, hasta conversamos,
y en ocasiones, en el diálogo,
aún me invade la euforia, se me enrojece el alma,
se me acelera el pulso y suspiro esos tres años,
como hace seis años.
No me preocupo:
siempre termino guardando el amor en el bolsillo,
porque sé que si me enamoro es
del espejismo, de mi memoria selectiva,
de los que fuimos entonces...
no deseo enamorarme del recuerdo,
por eso lo llevo conmigo,
porque aún amo el amor que me duró tres años,
pero en ese momento y en esa persona,
por eso no me estorba
ni me incomoda,
porque en este momento y en esta persona
ya ni uno ni otro existen.
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